Muchas personas piensan que acudir a terapia es solo para quienes tienen “problemas graves” o están “rotos”. Esta idea genera miedo y vergüenza, y hace que muchos retrasen buscar ayuda cuando la necesitan.

Pero ir a terapia no significa estar roto, sino quererse lo suficiente como para cuidar de uno mismo. Es un acto de valentía y autocuidado, un espacio donde puedes explorar tus emociones, entenderte mejor y crecer como persona. La terapia es para todos, no solo para quienes atraviesan crisis profundas.

En la consulta, no se trata de encontrar “defectos”, sino de reconocer que todos necesitamos apoyo en algún momento. Aprender a gestionar emociones, mejorar la comunicación, superar bloqueos o simplemente tener un espacio para ser escuchado sin juicios son razones válidas para empezar un proceso terapéutico.

En Serene, acompaño cada paso del camino, con respeto y cercanía. Porque elegir terapia es elegir quererse bien y apostar por una vida más plena y auténtica.

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