La ansiedad no siempre se muestra con síntomas evidentes como ataques de pánico o sudoración. Muchas veces se presenta de forma silenciosa, casi invisible, pero afecta profundamente nuestro bienestar. Esta ansiedad “silenciosa” puede manifestarse como una sensación constante de inquietud, dificultad para concentrarse o una fatiga inexplicable.
A menudo, quienes la sufren no saben cómo nombrarla ni cómo pedir ayuda porque no hay signos físicos claros. Sin embargo, esa sensación persistente de nerviosismo o miedo, aunque no se note, puede ser igual de incapacitante que una crisis visible.
Identificar esta ansiedad es el primer paso para poder gestionarla. Escuchar nuestro cuerpo, prestar atención a esos pequeños detalles que nos indican que algo no está bien, y no ignorar las señales es fundamental. No hay que esperar a que la ansiedad sea “gritona” para tomarla en serio.
En Serene, te ayudo a poner palabras a esas sensaciones, a comprender lo que está pasando y a construir herramientas para vivir con mayor calma y control. La ansiedad silenciosa existe, y merece ser atendida con cuidado y comprensión.
