A menudo minimizamos lo que sentimos. Nos repetimos frases como “no es para tanto”, “hay gente peor” o “debería estar bien”. Pero la verdad es que lo que duele, duele. Y lo que pesa, pesa, aunque nadie más lo vea.
Vivimos en una sociedad que nos empuja a seguir adelante, a rendir, a no mostrar debilidad. Esto hace que muchas personas lleguen a terapia pensando que “exageran” o que “no tienen motivos suficientes para sentirse así”. Validar nuestras emociones es el primer paso para sanar. No se trata de compararse con los demás, sino de reconocer que si algo te inquieta, te duele o te agota, merece atención y cuidado.
La culpa por sentir se alivia cuando entendemos que todas las emociones son legítimas. No es necesario justificarlas ni esconderlas. Escuchar lo que te pasa —aunque parezca pequeño o “sin importancia”— es un acto de respeto hacia ti mismo.
En Serene, te acompaño a dar espacio a lo que sientes, sin juicios ni exigencias. Porque no estás exagerando: estás sintiendo. Y eso merece ser atendido.

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